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Grandes Descubrimientos,
Arqueología Bíblica

(Parte 2)

La Historia secular nos muestra como las Escrituras tienen la razón, ahora veremos algo referente a Salmanasar III, aquel asirio que logro que Jehu, rey de Israel, se sometieran con todo su pueblo y le pagaran tributos, así dice la Historia:

Salmanasar III, hijo de Asurbanipal, Reinó aproximadamente entre 860-825 a.C. (858-824 a.C. - Courville). Enérgico y perseverante, fue el primero de los soberanos asirios en entrar en conflicto con los israelitas. Desde el primer año de su reinado, se lanzó a la campaña, atravesando el Éufrates, devastando el país de los hititas hasta el Mediterráneo. Además de las expediciones que emprendió al norte, este y sur de Nínive, cruzó en varias ocasiones el Éufrates. Para cerrarle el camino hacia occidente, los sirios formaron una liga englobando a Damasco, Hamat y doce reyes de la costa. En algunas ocasiones hubo refuerzos de tropas de naciones vecinas para hacer más sólida la coalición. En Karkar, en el año 853 a.C., el ejército de Acab, rey de Israel, se unió a los soldados de Damasco para combatir contra los asirios . Salmanasar pretende haber ganado la batalla de Karkar. Si éste fue el caso, no sacó de esta victoria ningún provecho, porque de inmediato retiró su ejército a Nínive. El rey de Asiria volvió a aparecer en el oeste tres años más tarde, pero la coalición volvió a detenerlo. En el año siguiente, el undécimo de su reinado, cruzó el Éufrates, saqueó numerosas ciudades del reino de Hamat, pero fue detenido. En su decimocuarto año consiguió aplastar la coalición. En el año decimoctavo, 842 a.C., derrotó a Hazael de Damasco sobre el monte Hermón. Los reyes de Tiro, de Sidón y de Israel (Jehú) se apresuraron a someterse y a pagar tributo.

Se han descubierto numerosos monumentos del reinado de Salmanasar III, muchos de ellos bien preservados. El mejor conservado de ellos es el obelisco negro guardado en el Museo Británico. Se trata de un gran bloque de basalto de más de 1,80 m. de altura descubierto en Balawat, cerca de Nimrod, en 1845. Sus cuatro caras están cubiertas de inscripciones y de bajorrelieves que representan a los reyes tributarios que rinden homenaje al rey, seguidos de sus numerosos presentes. De manera particular se ve a Jehú, rey de Israel, prosternándose para besar el pie de Salmanasar; la inscripción reza: "El tributo de Jehú, hijo de Omri: plata, oro, etc..." En realidad, Omri había sido el rey anterior a Jehú, y no fue padre de este último; pero durante mucho tiempo los asirios conocieron a Israel como "el país de Omri". Acerca de la batalla de Karkar, Salmanasar dijo en su crónica que, entre otros, destruyó a "diez mil hombres de Acab, el israelita". Es notable cómo los descubrimientos arqueológicos concuerdan una y otra vez con los detalles del texto bíblico, en este caso el libro de Reyes.

OBELISCO NEGRO DE SALMANASAR III

Obelisco de piedra de cuatro caras, descubierto por Layard en 1846 en Nimrud (antigua Kalkhu). Está fechado en 841 a. C. y se conserva en el Museo Británico.

Para dejar grabado en piedra el recuerdo de la sumisión de ciertos países, Salmanasar III (859-824 a. C.) hizo representar algunas escenas de entrega de tributo en un monumento de piedra de 198 cm. de alto. Estas escenas van repartidas en registros que rodean el monumento, yendo cada registro acompañado de una línea explicativa. El segundo registro a partir de arriba está consagrado al tributo de Jehú o de su embajador, postrado ante Salmanasar, con el rostro en tierra. La línea explicativa dice lo siguiente:

Tributo de Jehú, hijo de Omri: recibí de él plata, oro, un cuenco de oro, un recipiente de oro, copas de oro, cubos de oro, estaño, un bastón para la mano del rey y venablos.

1.Jehú, rey de Israel, prosternándose ante Salmanasar

En la parte central del relieve del Obelisco Negro se puede observar al rey de Israel, Jehú, arrodillado ante el monarca asirio Salmanasar III. Jehú lleva un gorro picudo con borla, una túnica larga acompañada de flecos en el dobladillo inferior y un cinturón. También podemos observar que se acompaña de una especie de abrigo largo con el borde echado por encima de los hombros que, al igual que la túnica, va revestido de flecos. Por lo que respecta a su calzado, consiste en un par de botas puntiagudas, calzado acorde con el clima semidesértico que existía en Israel y en todo el Próximo Oriente.

        En cuanto al monarca Salmanasar III podemos observar el ofrecimiento que hace de una de las vasijas, pertenecientes al lote que constituía el tributo del rey de Israel, a su divinidad nacional: Ashshur. Por encima de Jehú se localizan los distintivos y símbolos de soberanía de los dos dioses principales asirios, como eran el ya mencionado Ashshur, consistente en la figura de un águila, e Isthar, identificada con el planeta (estrella para los mesopotámicos), Venus.
        Detrás de Salmanasar III se encuentran dos oficiales que por su aspecto, en cuanto a su tipo de vestimenta, deben ser de cierto peso en la jerarquía social Asiria. Uno de ellos lleva una sombrilla para proteger del sol al rey; y el otro porta una especie de maza símbolo tradicional en la ideología de la antigua Mesopotamia, con la cual se representaban prácticamente la mayor parte de los reyes en actitud de golpear a sus enemigos.
        Frente al rey asirio y detrás de Jehú se encuentran otros dos altos funcionarios que podrían ser maestros de ceremonias a tenor de la posición de sus manos respetuosamente juntas.  

cuadro explicativo:

     

 

Las cinco secuencias van acompañadas de un breve texto explicativo que las identifica perfectamente. La parte superior del obelisco, en forma de torre escalonada, y los frontis de las caras por su parte inferior están cubiertos con el relato de las campañas de los primeros treinta y un años del rey.

Esta magnífica pieza, tallada en un bajorrelieve muy plano y sobria en detalles secundarios, fue situada en una de las grandes Salas de audiencia del palacio de Kalkhu, sirviendo de propaganda y autoelogio del rey.

Federico Lara Peinado.- El arte de Mesopotamia.-
Historia 16. Madrid; 1989. Págs. 92-93

Mas pruebas?, la Historia nos corrobora lo que dicen Las Sagradas Escrituras

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